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En «Qué mañana» este Martes 7 de Abril, dialogamos con el Dr. Alejandro Marchesan, acerca de la necesidad de hacernos fuertes en este tiempo de crisis.

Esta enseñanza comienza con una frase que se utiliza hoy en día: «Estamos en presencia de un cisne negro». Pero, ¿A qué se refiere con esto? Es una expresión que hace referencia a mediados del siglo XVII, cuando se creía que los cisnes solo eran blancos. Hasta que, unos colonos ingleses encontraron en Australia, un cisne negro. Esto para la mentalidad de ese tiempo era algo increíble. Entonces, metafóricamente, «Un cisne negro», es aquel suceso histórico o en el devenir social que llega de forma inesperada.

Hoy en día, nos encontramos con un cisne negro. Estamos enfrentando una situación en la cual ni siquiera sabemos dónde estamos parados. Como si estuviéramos en el ojo del huracán, la calma antes de la tormenta. Mas, teniendo en cuenta las estadísticas actuales sobre el Coronavirus y las 32 mil muertes por año debido a la influenza y neumonía, debemos recordar la importancia de informarse y no enfermarse.«Lo importante es el presente», afirmó el Dr. Marchesan.

Se dice que cuando aparece un «Cisne negro», éste se puede encontrar con dos tipos de personas: una persona frágil (Como una vela que ante el viento se apaga) y otra anti-frágil (como un carbón, que utiliza el viento para tomar fuerza). Respecto a esto, todos somos frágiles, pero a medida que voy reconociendo mi fragilidad, voy construyendo más anti-fragilidad. En esto, podemos tomar al apostol Pablo de ejemplo cuando decía: «Cuando soy débil, entonces soy fuerte». Entonces, está bien que tengamos temor, ya que forma parte de la fragilidad humana. Pero, no debemos quedarnos con ello, sino que debemos utilizar esa fragilidad para fortalecernos.

Ahora, para fortalecer nuestra anti-fragilidad, debemos saber que: «Primero, cuanto más tengamos presente la sangre de Cristo como aquel elemento espiritual que Dios puso para nuestra redención, como nunca debemos pintar con ella los linteles de nuestro corazón. Segundo, debemos ser agradecidos. Tercero, separar lo que es alegría (que se debe a algo momentáneo), de gozo (que es la fuerza del creyente). También, debemos mantenernos dando en la construcción del otro como alguien necesario para mí. Y, tampoco debo dejar de construir al otro como una posibilidad. Y, por último, debo tener flexibilidad».

Seamos, entonces, creyentes anti-fragiles ante la presencia del «Cisne negro».

 


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