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Los prejuicios no nos permiten ver lo que Dios quiere hacer en las personas. Desde antes él
ya nos conocía. Dios trabaja en los procesos y es quien nos invita a salir a la acción
dejando de lado el prejuicio a través de esta pregunta … ¿Podrá salir algo bueno de mí o del
otro?. Dios pone un pensamiento nuevo, la guía del Espíritu Santo nos da el querer como el
hacer para poder ver a través de su mirada. Su palabra nos nutre y nos revela que él es fiel
y justo y ama a todos por igual.

 


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